Pablito

Pablito

Hoy me levanté pensando en Pablito, ¡Qué tipo aquél! Me levanté pensando en Pablo porque justo la semana pasada habíamos estado hablando de eso en la facultad. Hace mucho que no lo veíamos en clase y difícil es negar que el pibe no llamaba la atención. De hecho, me sorprende no haberme dado cuenta antes, siendo que saltaba a la vista su persona, siempre con la misma ropa y su hablar tan afeminado.

No sé como había terminado ahí metido con nosotros, a decir verdad, si el pibe ni siquiera tenía mochila. Se había dicho entonces que había entrado con una beca de estudio por no sé qué programa de ayuda del gobierno, pero no sé, como nunca nadie pudo confirmarlo, simplemente se dejó de hablar de eso.  

Cuando le conté a papá sobre Pablito medio que se calentó, porque dice que él le está bancando el estudio a esos putitos. Así dijo; “esos putitos”. Yo no sé, porque nunca lo vi con ningún tipo, aunque si sentía que me seguía con la mirada y casi que no me gustaba estar solo con él. Era buen pibe, eh, no es que fuese a hacerme algo ni nada, es que, no estaba muy bien visto en la facu y los chicos seguro que me iban a cargar, por eso nunca supe que estaba tan mal, de hecho, ni siquiera me acerqué alguna vez a hablarle. 

Una vez salimos de entrenar, eran cerca de las ocho, y cuando entramos a los vestidores, ahí estaba él poniéndose las medias. Todos hicieron silencio, cómplices y él se dio cuenta al instante. Medio que perfiló para la salida, pero le cortaron el paso. «¡Eh, Pablito!» dijo Juan Martín «¿Qué haces en el baño de hombres? El de mujeres es en frente.» siguió «¿O venís buscando esto?» y se bajó el bóxer, mostrándole la pija. Después, bueno, nada. Lo dejaron irse, viste, con el nudo en la garganta y el miedo de no saber si salía de ahí esa noche. Nunca más volvió a entrar a esos vestidores. Me acuerdo que del apuro se había olvidado las zapatillas sobre el banquito. Unas zapatillas hechas mierda, no sabe, todas las costuras flojas y la suela esa que había sido pegada varias veces.

Sé que se iba caminando para su casa, pero me costó imaginarme todo ese recorrido sólo con las medias. En su momento nos reímos, pero ahora no sé si estuvo bueno eso… ¡Qué se yo! Era otra cosa, no sé, era diferente.

El Juanma después medio que lo estuvo torturando con las zapatillas, diciéndole que las venga a buscar, que él las tenía, pero el otro nunca le hizo caso. Usaba otras, unas blancas, también bastante baqueteadas. ¿Eran del padre? No, no sabía, es que, como le dije, nunca hablábamos con él.

Después, cuando ya Juan Martín se cansó, le tiró las zapatillas al techo de administración, pero nunca las fue a buscar, creo que para entonces ya no iba a la facu. Seguro las zapas siguen ahí, deberían fijarse.

Cuestión, desde ese momento que no sabemos nada de él, al menos yo.

Bueno, más o menos.

Supongo que por eso me citaron, por lo de los mensajes ¿no es cierto? Sí, bueno, eso que leyeron es lo que pasó. Nada más. ¿Que lo cuente, dice? Okey. Fue como hace dos meses más o menos. Habíamos salido a una fiesta y tomamos mucho. Me había enganchado con una minita de ahí, hija de no sé qué abogado de plata, pero bastante putita, o sea, con todo respeto, eh, pero era así, medio que se me tiraba encima todo el tiempo y me apoyaba las tetas en todo el cuerpo. Entonces Juan Martín vomitó y nos tuvimos que ir. Cuando salimos en el auto, todavía estaba un poco mareado. Dejé a los chicos en sus casas, eran ya como las cuatro y… bueno, nada, me había quedado caliente por aquella pibita de la fiesta, así que pensé en pasar por la Colón, que a esa hora era que se juntaban las… bueno, las mujeres de la noche, usted me entiende.

Cuando pasé despacito con el auto, pasó aquello que le conté a los chicos por WhatsApp; creí ver a Pablito, pero estaba como cambiado. Tenía ropa de mujer, una pollera y una blusa medio abierta. También tenía una cara larga, de no haber dormido hace mucho tiempo y de haber estado pasando unos días de mierda, vió. Pero nada, apenas lo vi me fui rápido, porque capaz el pibe me reconocía a mi también y contaba que me había visto entre esa gente. Era como una situación bastante difícil para los dos. Sobre todo para mí, que, bueno, no necesito recurrir a eso si quiero tener relaciones, ¿me entiende? Puedo conseguir sexo más fácil. Fue de caliente nomás.

Ahí le conté a los pibes, porque sabía que les iba a interesar el temita. No sabía que le decían Paula para entonces, para mí seguía siendo el inocente y mudo Pablito que entraba al curso con un cuaderno tapa blanda y unas ganas de irse terribles.

Pero eso fue todo, puedo jurarlo, desde entonces no lo volví a ver.

¿Qué por qué lo tenía agendado, dice? Ah, sí, como dije, nunca había hablado con él…ella, en persona, pero me acuerdo que una vez me había mandado un mensaje para pedirme unos apuntes de clase y yo se los mandé. Lo agendé con otro nombre porque él me dijo que el celu no era suyo, esas personas no tienen celular propio, o sea, no es común, digo, que se yo, ahí ya no me meto. Eso me dijo que haga y eso hice, lo agendé con otro nombre.

Sí. Hemos hablado este último mes a pesar de que él ya no asistía a la facultad. Se que suena extraño, señor, pero es la verdad, de hecho, yo también me sorprendí cuando me habló pidiéndome apuntes. La verdad es que en el momento pensé que lo estaba ayudando, vió, pensé que ya no podía pagarse la carrera, pero que todavía se interesaba por el estudio. ¿Me entiende? No sé si me sigue, pensé que lo estaba ayudando.

No, no lo he vuelto a ver. O sea, no de cerca, como usted dice. No soy gay ni me interesa nada de esas cosas. Lo vi una que otra vez, siempre de noche, con la misma ropa ajustada y ese raro brillo en los ojos, como pidiéndome ayuda. Pero nunca me acerqué ni entablé conversación con él… ella.

No, nunca tuve ningún tipo de contacto. Ni siquiera le he dado la mano, creo.

No, esos otros mensajes son falsos, señor, quizás fueron trucados por computadora, para pisarme. Hoy en día cualquiera puede hacerlos. Deme diez minutos y yo le simulo una conversación igual con alguna aplicación de internet.

No, no estuve con él ayer. Ni ayer, ni la semana anterior, ni nunca en mi vida. ¿Por qué carajo me voy a meter con ese puto de mierda? Dígame. Mire en los quilombos que me mete. Pobre diablo, estaba condenado. Y ahora me culpan a mí ¡Qué barbaridad! Es su familia que me quiere sacar plata, eso quieren. Se cagan en la gente con dignidad. Se cagan en la gente que de verdad quieren lograr algo en la vida.

Son un asco. Me dan asco todos ustedes.

(…)

No, señor, no puedo explicar mi semen en el cuerpo de Paula.


«Pablito» por Ruy Hanmse. Para leer más del autor: http://www.soyruy.com

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