Un mal necesario

El punto donde las almas convergen está ubicado más bien en nuestros propios pasados, reales y concretos, porque ante los dolores actuales, preferimos refugiarnos en el calor de aquellos que ya padecimos, rehuyendo así a eso que conocemos y que sabemos cómo terminan.

El hombre teme a aquello que desconoce, es casi innato al ser humano y puede ser rebatido de algunas formas un tanto ortodoxas. Es por eso que el mal necesario toma un rol de protagonista en la historia de cada uno, porque existen, están ahí y nos llaman, nos seducen con palabras tiernas susurradas a nuestros oídos perturbados. “Al final no estuvo tan mal ¿Eh?”

El mal necesario se hace presente siempre en los momentos que menos lo necesitamos, como un demonio al acecho, esperando el tiempo justo en que el escapar de sus lascivas garras es prácticamente imposible. Y esos males necesarios son ex parejas, son fármacos, son amigos, son botellas y desconexiones momentáneas que no hacen más que sumergirnos en más mierda, un poco más arriba de las rodillas.

¿Porqué tapar un mal con otro? Porque al menos así, el anterior no se ve tan grave, supongo. La debilidad es el arma de los males necesarios, perforando a los hombres en sus momentos de fragilidad como agujas en la piel. De esta manera nuestro status quo se ve perturbado y extrañamente mutado a eso que creemos mejor, pero que a fin de cuentas es mucho peor.
Cuando nuestro interior nos grita “¡Basta!” es cuando verdaderamente entendemos el monstruo que hemos creado, pero ya es demasiado tarde y las lágrimas no hacen mas que depurar las heridas superficiales y la noche ya está tan dentro que es imposible sacarla.

Finalmente, de una manera semántica le aplicaré una autopsia al término presente en el título (¿O debería decir biopsia?). Los males son esos que nos atraviesan y nos circundan por nuestra sola condición de ser seres humanos, de existir y de estar condicionados y por nuestra capacidad de raciocinio, que tan mal nos hace en las noches de insomnio. Y aplico el término de necesarios, porque, a fin de cuentas, y por difícil que nos sea admitirlo, eso son, necesarios. Porque nos hacen sentir a salvo cuando lo único que hicieron fue colocar una venda en la herida o aplicar corrector en una palabra mal escrita y aunque la mancha blanca quede en la hoja, al menos el error está cubierto, tapado, prohibido.

El hombre vino al mundo para sufrir y es a través de este sufrimiento que crece, que se revitaliza y que avanza. Los males necesarios son tan solo salvavidas para las noches oscuras. No está mal recurrir a ellos de vez en cuando. El problema radica cuando abusamos y los vemos como la única opción, la única escapatoria.

Hay que ser conscientes de los que hacemos y por, sobre todo, hacernos cargo de nuestros errores. Muchas veces es más fácil señalar con el dedo y pasar la pelota a otro, que admitir que la cagamos. Más los argentinos con su viveza natural. Ahí es cuando verdaderamente se nota el crecimiento.

A palabras crudas, mensajes concretos.

Ruy Hanmse.

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