Querida Ángela

Narración Epistolar 

28/01

Querida Ángela:

Finalmente me he decidido por escribirte, no solo porque llevamos ya mucho tiempo sin contacto, si no más bien por mí, para aliviar mis penas y calmar la angustia que me acompaña desde entonces, como estigmas en la piel.

Intento no sonar cliché, pero no puedo explicarte esa sensación de vacío que me acosa por las noches cuando la cama está fría y la casa en silencio. Algunas veces cierro los ojos y estiro las manos, como intentando alcanzar algo que no está ahí, navegando entre sábanas blancas, atravesando la soledad, alejándome lo mejor que puedo de la realidad.

La realidad: que lejana la siento ahora que te escribo estas palabras.

Diez días pasaron desde que te fuiste, es curioso, me obligué a mi mismo a no contarlos, a no pensar en eso, pero no pude. Interiormente marcaba cada día que pasaba como una cruz en un calendario invisible. Hasta que ya no pude más, hasta que me di cuenta que había perdido el sentido y que la única manera de estar mejor era compartiéndote esto que me destruye.

Ángela, te extraño como nunca he extrañado a alguien en mi vida. Me arrepiento profundamente de todo lo que hice y si alguna vez nos llegamos a encontrar, si alguna vez llegases a leer esta carta, quiero que sepas que he cambiado, que soy otra persona, y que te quiero Ángela, te quiero.

Manuel

 

02/02

Querida Ángela:

Me encargué de regar las plantas diariamente como solías hacerlo, pero aun así están muriendo. Lo veo en las hojas que han perdido el color y en algunos tallos que se están marchitando. No sé qué es lo que estoy haciendo mal.

También arregle la puerta del armario de la habitación. Sé que me lo pediste hace tiempo y que tardé mucho en hacerte caso, pero lo hice al fin. Es más, el problema estaba en que había perdido uno de los tornillos y aflojado una de las bisagras, por eso estaba un poco caída y no te dejaba cerrar los cajones. Lo arreglé en unos minutos y ahora está como nueva.

Ángela, espero que estés muy bien donde sea que te encuentres, porque yo de a poco también lo estaré. Es difícil, de verdad, pero no imposible. Quizás estas cartas me ayuden a ir desprendiéndome, de cortar con las cadenas que me aprisionan en el pasado y me arrastran lentamente a la desesperación.

Intento asociar lo que me pasa a la psicología propia de los hombres, intento darle una explicación más bien racional a la tristeza que llevo hace varias semanas, pero mientras más lo pienso más miedo me da. ¿Y si necesito ayuda? ¿Y si termino tomando algún tipo de medicación? Ya sabes lo mucho que odio las pastillas y los médicos y los hospitales. Simplemente no son lo mío.

De todas maneras, espero que si algún día recibes mis cartas, te tomes un momento para contestarme, aunque sean unos renglones o unas míseras palabras siquiera, que te aseguro que serán suficiente.

Te quiero.

Manuel

08/02

Querida Ángela:

Planté flores nuevas y aflojé la puerta del armario, porque al menos esas pequeñas cosas me hacen pensar en ti. Quizás te resulte gracioso, porque incluso a mí me lo parece, pero es cierto.

Porque el recuerdo es lo último que se pierde y también lo único que queda en este mundo una vez que partimos. Y quiero que me recuerdes como yo lo hago todos los días desde que te perdí.

Pero no sé si será suficiente. Todavía tengo las dos cartas anteriores sobre el escritorio, propiamente cerradas y selladas, pero aún sin dirección de destino, porque ¿Adónde se supone que debo mandarlas?

De hecho, no entiendo siquiera porqué me tomo el tiempo de escribirlas, si nadie nunca va a recibirlas, si nunca serán leídas. Es una pérdida de tiempo.

Pasa el tiempo y todavía no me explico como pudiste ser tan egoísta conmigo, incluso ahora, que mientras escribo siento como me clavas los ojos fríos en la espalda.

¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Adónde se supone que debo llevarte? Si de una u otra manera soy yo el que termina encerrado en una celda pequeña y oscura. Ahora que lo pienso, no se aleja mucho de como estoy viviendo en este momento.

Si tan solo no hubieses querido dejarme, todavía estarías aquí. Quiero decir, verdaderamente aquí.

Manuel

 

Ruy Hanmse

24/04/2018

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